La modernidad se impone

En muchos lugares en el mundo existen hoteles antiguos que han sido conservados en su estado original porque son parte de la historia de la ciudad. Estos sitios pertenecen a la ciudad por ser parte del patrimonio, y son rentados por diferentes compañías. En algunos casos esto es algo positivo, ya que si el hotel es próspero se garantiza el mantenimiento del lugar. Sin embargo, si el negocio no es rentable puede dañar al edificio y dejarlo en peores condiciones.

Si los precios son bajos se atraerá a todo tipo de clientes, incluso algunos que maltraten el inmueble. Si hay poco movimiento o es temporada baja puede que no se hagan las reparaciones necesarias al lugar mientras se sigue explotando, lo que causa mucho más daño que simplemente abandonarlo. Algunas empresas hoteleras de gran prestigio prefieren terminar el contrato de arrendamiento, ya que no solo le ocasiona pérdidas, sino que si no puede costear el mantenimiento y el lugar se deteriora, esto ocasionaría quejas por parte de los clientes, lo que influye en la reputación de la cadena hotelera.

Esto le ha sucedido al hotel Sofitel Buenos Aires, que forma parte de la empresa francesa Accor. El hotel se encuentra en el famoso Edificio Mihanovich, construido en 1928 por un empresario austrohúngaro llamado Nicolás Mihanovich. Este hombre poseía una flota de barcos, y fue su deseo que el edificio fuera muy alto y tuviera una luz en la cima para que funcionara como faro para sus barcos. El edificio se ha mantenido como hotel por casi 100 años, pero su más reciente arrendatario ha decidido abandonarlo, precisamente porque ya no le reporta beneficios, y su mantenimiento es muy costoso. Prefieren irse antes de recuperar su inversión para que el estado de conservación no sea un motivo de queja que dañe su reputación internacional. Los trabajadores permanecen a la expectativa sobre el futuro del edificio y de sus empleos.

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